jueves, 14 de abril de 2011

Villa 31: medio medio

Hace una semana ocurrió un hecho gravísimo en la Villa 31: Un vecino del lugar sufrió un ataque de epilepsia. “Un ataque de epilepsia lo tiene cualquiera… ¿qué lo hace gravísimo?” cuestiona el sensacionalista. Pues tal parece que el sensacionalista también peca de impaciente, dado no he terminado con el relato del hecho. Los vecinos del lugar procedieron a llamar a una ambulancia del SAME para que atendiera al hombre afectado. La ambulancia se negó a entrar a la villa. Resultado: el hombre murió. ¿Conforme, mi querido sensacionalista?
            Los vecinos del lugar relatan cómo pidieron a la médica encargada que se acercara al sitio donde se hallaba el hombre en cuestión. Ante la negativa, decidieron trasladar al hombre a donde se situaba la ambulancia, a menos de media cuadra, encontrándose, para su sorpresa, con que la misma se había retirado. Resultado: esta persona falleció. Fantástico. Repasemos: ataque de epilepsia – llamado al SAME – negativa de entrada al lugar – muerte del hombre. ¿Estamos?
            ¿Qué pasó acá? Hubo un hecho inevitable: el problema de salud del afectado. Sin embargo su muerte habría sido evitada, de no ser por la discriminación por parte de la médica, quien se negó a ingresar a la villa. Y hasta aquí la tragedia. Siguieron a ella los cortes de calles a modo de protesta por parte de los vecinos. Eso lo vimos todos, esos cortes que ocasionaron un “caos” de circulación en la zona. Al menos así lo definieron determinados medios que se encargaron de cubrir, durante gran parte del día en que sucedieron los hechos, el CAOS. Si, el caos, ese bendito caos que mezclaron con la noticia del día anterior, en la que se dio a conocer el retiro de la Policía Federal de las escuelas y hospitales.
¿Piquetes? Si, hubo varios, pero del muerto nadie se acordó. Parecía ser que el reclamo de los vecinos de la 31 que cortaron la Illia por algunas horas había sido un pedido “de seguridad”, según TN. Por su parte, la tapa de Clarín anunciaba cortes, piquetes y un paro médico en algunos hospitales. Nuevamente el caos… y del muerto nadie se acordó. Parecía también que la ambulancia se había negado a ingresar, precisamente por la falta de custodia policial. No obstante, tanto Nilda Garré como Juan Romero, un vecino del lugar, desmintieron esta versión, destacando que la policía estaba “en tiempo y forma, para acompañar” (J. Romero).

            Recuerdo a mi vieja diciéndome, esa noche, mientras mirábamos 678, “si, si no lo ves acá, no te enterás. Nadie dijo nada del muerto. Se dedicaron a cubrir los cortes”. Y es eso lo que se ve, el caos, aquello que nos afecta a más personas, porque claro, los discriminados no somos “la gente”, entonces ¿Qué importa? No fuimos el epiléptico, el muerto, no fuimos la médica, ni manejábamos la ambulancia. No vivimos en la villa 31 “la gente”, pero sí que puteamos porque nos cortaron el acceso norte… “la gente”. Pregunto yo ¿Realmente somos ESO? ¿Es ESA la gente que somos, o esa es la gente a la que se dirige este tipo de prensa?
            Las coberturas de los hechos de ese día me parecieron una vergüenza, tanto como las de los días subsiguientes. No tanto por el sensacionalismo alevosamente tendencioso, como por aquello que se ocuparon de ocultar, que forma parte de lo que nos hace ser, en tanto argentinos, en tanto que informados. ¿Discriminación? ¿Cómo creés? Llego tarde al laburo, porque está “el transito totalmente paralizado” (L. Otero), y acá no hay nada más que hablar.
“Crónica de un automovilista preso en una cola interminable” versaba Clarín en su tapa. Es así como se omiten otras cuestiones de fondo, y allá uno a sobrevivir a la vera de la información. ¿De un lado? ¿Del otro? Y en todo caso ¿realmente elegimos el lado del que estamos, o creemos que elegimos? Y yendo más al núcleo todavía… ¿desde cuándo es necesario estar de un lado o del otro? Parece que se ha vuelto una adicción esto de tomar partido por alguien, esto de sentirse único y ver en el rostro del otro al enemigo. Esto de tachar de impío fascismo aquello que no compartimos. Eso de posicionarnos y de abstraernos, de despersonalizarnos, olvidándonos de lo que realmente importa en este caso, pero que no se nombró: el muerto. Ese hombre, esa persona… si, PERSONA, como vos, como yo, que falleció porque la ambulancia no se dignó a entrar. Como vos y como yo. Decime una cosa: si tu vieja hubiese sido la muerta por abandono de persona… ¿No hubieses cortado la illia? Pensalo bien, y decime ahora cuánto podés putear porque te quedaste media mísera hora en acceso norte… y mantener la conciencia limpia. No hagamos la parte por el todo en la sinécdoque mediática. El medio es medio, y nada más, pero el muerto fue UNO ENTERO…


M.L.

No hay comentarios:

Publicar un comentario